La diferencia entre control y gestión del tiempo es muy importante. Cuando vamos a toda velocidad en nuestro día a día, nos desbordamos y perdemos el control. Dejamos de controlar nuestra vida, y nos volvemos reactivos. Como mucho podemos aspirar a jugar al “Tetris” con nuestras apretadas agendas, buscando la manera de encajar aquello que debemos o queremos hacer durante nuestra jornada. Tal es la necesidad de dar salida a todas las tareas, que los cursos de gestión del tiempo, han sido durante años el objetivo formativo de muchas organizaciones, directivos y personas, en busca de la barita mágica que les ayude a llegar a todo lo que se espera de ellos. Curiosamente estos cursos, a medio o largo plazo, sirven de poco. Ya que aunque te enseñen a nadar entre los escombros, continuas rodeado de basura. No sé si me explico….
Lo verdaderamente importante es tener el control del tiempo. Eso requiere poner el tiempo a disposición de nuestra razón. Debe haber un ejercicio mental previo en el que se visualice donde queremos ir, y decidir como usaremos el tiempo para llegar a esa meta. Todo lo demás estorba o sirve de poco. Precisamente, es cuando nos encontramos haciendo muchas tareas que nos aportan poco, que surge el malestar o el sufrimiento personal o organizacional.
Es la diferencia entre tener el barco con el motor parado yendo a la deriva por el vaivén de las olas, o encender el motor y dirigirlo a un rumbo que previamente has decidido, y analizado la mejor manera de llegar.
Evidentemente, en esta vida hay que dejar espacio a lo espontáneo. No podemos ni debemos controlarlo todo, pero si no cuidamos lo que nuestro SER u organización necesitan, pronto sentiremos que algo va mal.




