El 22 y 25 de abril publiqué en Instagram y Facebook dos diapositivas que muestran las consecuencias más dramáticas de nuestro estilo de vida moderno occidental. En menos de 150 años, la Tierra ha aumentado aproximadamente 1,5ºC su temperatura, y en menos de 20 años las personas hemos aumentado el consumo de antidepresivos y ansiolíticos en un 60%. Los índices de CO2 atmosféricos están acabando con los ritmos de la Naturaleza. Los polos se están derritiendo y muchas especies de animales desapareciendo. La especie humana está psicosocialmente peor que nunca. Jamás había existido tanta dolencia psíquica entre las personas, y jamás los vínculos sociales de la genta habían sido tan frágiles.
La falsa promesa de un mundo mejor de los inicios del Capitalismo ha fallado. Nos hemos pasado de rosca, y todo tiene un límite. ¡La avaricia rompe el saco!…dicen. ¿ A donde nos lleva tantos adelantos en tan poco tiempo?….pues ya lo veis. Tanto las personas como el Planeta tienen un límite al que estamos llegando, y en algunos casos ya lo hemos rebasado.
La pandemia por el Coronavirus ha puesto en evidencia todos estos aspectos. Durante el confinamiento en nuestras casas, disminuyeron considerablemente los niveles de CO2 de la atmosfera, mejorando la calidad del aire y el clima. Las personas aprendimos a valorar cosas que en el día a día hiperacelerado no éramos conscientes. Aprendimos lo que se echa en falta la relación con tus seres queridos, el valor de las relaciones sociales cuando no se tienen, el poder tocarse, abrazarse, jugar al aire libre, el contacto con la naturaleza, etc.
Ahora que las restricciones han disminuido, parece que estemos olvidando lo que nos ha sucedido, y la gente está volviendo a las prisas y carreras diarias previas a la pandemia. ¿ Hemos aprendido algo de esta gran crisis?, o ¿seguiremos igual que antes?.
La aceleración social nos ha llevado hasta donde estamos. ¡Abramos los ojos!, ¡tomemos conciencia de ello!, y ¡bajemos el ritmo de vida!, para recuperar la conexión con nosotros mismos, con nuestras relaciones sociales y con la naturaleza.
Las personas y la Tierra necesitamos de un ritmo más tranquilo para estar sanos y seguir existiendo.




